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El hogar de los olvidados - Capítulo 6 - Tratamiento

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Recogimos todo y fuimos rumbo al comedor, ciertamente sin saber si teníamos, o al menos yo, más hambre que cansancio. Cuando llegamos había una fila más que considerable, por lo que podía entrar dentro de las posibilidades que no llegásemos a tener la oportunidad de llevarnos algo a la boca. Con lo que desgastaba la tarea que nos habían encomendado, resultaba bastante injusto no contar con alguna ventaja respecto al momento de llegada de la fila, sino más bien lo contrario. Aunque supuse que igual sería una segunda parte del castigo, el oír rugir tus tripas mientras te corroe la rabia y la sensación de vacío por ellas tras una ocupación exigente. Al parecer la suerte decidió estar de nuestra parte y nos concedió los últimos cuencos de la fila. Este dato me llenó de alegría no obstante, si lo pensaba bien, jamás habría imaginado que llegaría a sentirme afortunada tan sólo por poder llevarme algo a la boca. Sin embargo eso significaba que Beatriz no comería hasta, con suerte, la ...

El hogar de los olvidados - Capítulo 5 - Consecuencias

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-¿Creéis que estáis en una cafetería? Violeta, tienes tareas que hacer. El sobresalto fue generalizado y, al dirigir la mirada hacia la fuente de aquellas palabras, nos encontramos con una Ángela y su habitual cara de pocos amigos. -Ya estás yendo a hacer tus quehaceres ¡Vamos!- le indicó con cierta sonrisa de cruel satisfacción. La aludida se levantó en silencio sin casi acabar su modesto desayuno y la siguió fuera de la estancia. Casi como en un cruce oportuno, apareció Margarita con varias mujeres de diversas edades, quienes fueron a por su comida; no obstante ella, nada más reparar en mi presencia, recorrió en una línea horizontal su cuello con su pulgar, indicándome que nuestra turbulenta relación no había acabado. Suspiré. -Parece que nos vamos a ver las caras más veces. -Es peligrosa, intenta no enfrentarte a ella- me susurró María tapándose la boca con la mano, supuse que para que no pudiesen interpretar sus palabras. -¿Has acabado de desayunar?- le pregunté...

El hogar de los olvidados - Capítulo 4 - Bajo amenaza

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-¡Lo sabía! Me dijiste que plante cara a los entes y se han enfadado contigo, ahora han ido a por ti- casi gritó mi compañera, bastante alterada. -No han sido entes, María, han sido Margarita y sus secuaces- pude responder antes de la siguiente arcada, en esos momentos no podía ocuparme de su crisis. Salí dirección al baño con la esperanza de quitarme aquella porquería con facilidad y de no dejar más del contenido de mi estómago en el intento. Con las prisas ni recordé coger la linterna, así que fui un poco a tientas, esperando recordar el camino. “Veamos, nuestra habitación es de las más cercanas al ascensor, así que tengo que ir en dirección contraria hacia las escaleras y bajar un piso” empecé a decirme mientras luchaba contra la sensación de asco y por no oler lo que aún llevaba en la cara. Una silueta envuelta en luz me asaltó en mitad del camino, peo respiré aliviada al comprobar que se trataba de Violeta. -¿Qué ha pasado? Hacéis mucho jaleo- susurró y abrió los o...

El hogar de los olvidados - Capítulo 3 - Confesiones nocturnas

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Desperté con el cuerpo entumecido y la boca pastosa, preguntándome cómo de desastrosa había sido mi jugada ¿Me habrían drogado igualmente aprovechando la sedación? No tenía respuesta, lo que sí sabía era que tenía un dolor de cabeza horrible, quizás por haberme golpeado al caer o como efecto secundario de la porquería que me habían dado. Aquello no hizo más que reforzar mi rabia y ganas de salir de ese abominable lugar ¿Cómo podían tratar así a las personas? Me paré a observar la estancia donde estaba, apenas cuatro paredes tristes, sobrias y desnudas con una puerta metálica y la camilla donde no tardé en comprobar que estaba atada de pies y manos. Se me encogió el estómago cuando miré más detenidamente las ataduras de firme cuero que me inmovilizaban, dándome cuenta de que tenían marcas de dientes, posiblemente de alguien desesperado por escapar. El repiqueteo de unas llaves en la cerradura de la puerta desvió mi atención, dejando paso próximamente al buen doctor Fuentes. Emp...